miércoles, 7 de enero de 2009

CALIDAD DE VIDA


Comencemos con esta pregunta: ¿La calidad de vida se relaciona con lo que uno tiene o con lo que uno es?


Recordemos que los medios masivos de comunicación se dedican a bombardearnos con imágenes para convencernos de que vivir es: tener cada vez más casa, carro, ropa, viajes y todo lo que sea posible soñar. Hasta la marca de jabón que usted usa, “lo distingue” como persona. La idea del “cosismo”, es evidentemente alimentada por los que producen y venden las cosas. Pero la realidad, a veces, nos hace poner en duda tal felicidad: Millonarios y famosos que se suicidan, se drogan, se alcoholizan…


Entonces, será cierto que el dinero no hace la felicidad?
Los que tal afirman, recuerdan con frecuencia aquel cuento popular, sobre el rey que buscaba la camisa del hombre feliz para ponérsela y descubrió que el único ser feliz que encontró… no tenia camisa. Claro que generalmente este cuento lo repiten los que tienen unas cuantas camisas.
Ambas posiciones me molestan mucho: el “cosismo”, más conocido por el consumismo, porque aliena a la persona mediante la propiedad de las cosas. Y también el “pobrismo” (la apología a la pobreza), porque me parece profundamente hipócrita y manipulador. En resumen: no creo que el dinero haga la felicidad como tampoco creo en la felicidad del hombre sin camisa.


Todo ser humano merece una vida material decorosa. Es más, ello es casi una condición para que la gente pueda disfrutar de otras necesidades menos terrestres, porque con hambre o sin techo, por ejemplo es difícil concentrarse en la lectura de un buen libro.

Estas reflexiones nos conducen a diferenciar los conceptos: nivel de vida y calidad de vida.
El nivel de vida es una categoría socio-económica, que la evalúa en función de los bienes materiales y los servicios con que cuenta la población, así como la calidad en su distribución.
Mientras tanto, calidad de vida, es una categoría Sico-sicológica, que se refiere al bienestar subjetivo que las personas sienten, en relación con la satisfacción de sus necesidades.

Fuente de imagenes:

HALEMOS DE LIBROS: ¿POR QUÉ SOMOS ASI?

Su autor es el genetista Emilio Yunis (en la foto), nacido en Sincelejo, Colombia, en su trabajo expone que en Colombia no hay una nacionalidad. La existencia de subculturas es lo que determina la personalidad del colombiano de hoy que, ya en el siglo XXI, vive en un país incomunicado.
Curiosamente este genetista no encuentra razón alguna para que sigamos pensando que el origen de todo en este país sean los genes. Al respecto señala que lo que hay aquí es dominación social de unos sobre otros. “La historia nos ha hecho violentos”, dice.
Para él no hay genes blancos, negros o amarillos, tampoco corruptos o violentos. Todo está en el país que hemos construido desde la llegada de los españoles.
Desafortunadamente en nuestro país las regiones se desarrollaron como subculturas hasta llegar a lo que llamamos endogamias culturales, es decir que nos miramos a nosotros mismos. No miramos afuera, los demás, los de otras regiones son forasteros, son extraños, su visión del mundo no tiene importancia para nosotros.
Otra razón para que seamos así, es la falta de vías que comuniquen a las regiones. Hay autopistas y carreteras que escasamente enlazan las capitales. Más bien hemos sido un país intercomunicado por los periódicos, la radio, la televisión y las empresas aéreas.
Con esas razones justifica que en Colombia la violencia se sienta generalizada gracias a los medios, pero al decir verdad alguien del Huila no siente ni sabe de la violencia en Cali, tampoco existe una conciencia colectiva de acoger principios de justicia, de lucha anticorrupción o de apoyo a la constitución.
Finalmente anotemos en esta reseña del libro: ¿por qué somos así? Lo que expresa Emilio Yunis: siempre estamos buscando un Mesías, un salvador y así como lo endiosamos lo abandonamos. En este país cualquiera lanza una idea, los medios le hacen eco y ponen a bailar al país con eso.Para salir del subdesarrollo propone una verdadera integración de las regiones, no de papel como ocurre actualmente.
Páginas complementarias o para curiosear sobre Emilio Yunis:

LA RADIO

Imagen: http://tramoya2.blogspot.com/2008_06_22_archive.html
Decía alguna vez Gabriel García Márquez que los Colombianos tenemos el vicio de la habladera; y pasando al otro extremo, se afirma con fundamento que Colombia es una tierra de Poetas: Los anteriores son enfoques que nos llevan a la misma conclusión, la fascinación por la palabra. Y si a ella le sumamos la posibilidad descubierta mucho antes que la realidad o el “internet”, fácilmente caemos en la adicción o en el gusto por la radio, ese maravilloso hallazgo de Guillermo Marconi y otros que le encontraron uso a las ondas hertzianas.

En buena parte rompimos y seguimos rompiendo el provincialismo para integrarnos a la aldea global, gracias a la mágica cajita de pandora que a comienzos del siglo 20 ocupaba un gran espacio en cada hogar, y que hoy, con su versatilidad, nos acompaña casi como parte de nuestra indumentaria diaria y nos aporta la dosis personal de música, noticias, humor, poesía, retorno al pasado y a manifestaciones estéticas de los pueblos, nostalgia del futuro o simple entretenimiento.

Es muy importante destacar hoy la importancia de la radio, que la escuchamos en todas partes y en todo momento, sin caer en cuenta de su encantadora magia.
La radio frente a otros medios, sólo nos demanda uno de los cinco sentidos convencionales, el oído, y permite que según la capacidad creativa de quienes estimulan con su mensaje auditivo aportan el resto por su cuenta: La imaginación creadora, la evocación y el ensueño.

La radio es una adicción creativa, no destructiva, que se la aprovechamos aun más, favorece el sentido estético, el respeto a la diversidad de pensamientos y sentimientos entre hombres y mujeres.

MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Desde hace más de 20 años partió en Colombia una fuerte crítica a los medios de comunicación. Fácilmente para referirnos a la prensa, la radio, la televisión o el cine, comentamos que son una amenaza social y que muchos problemas del país se solucionan transmitiendo mensajes positivos por los medios. Es decir, ni más ni menos, estamos afirmando que el espectador es pasivo.


El investigador Umberto Eco llama a esa común posición “La actitud del misionero”. En efecto, el misionero es la persona que siente con la verdad absoluta, aquella que es necesaria para que los demás adquieran el nivel que él tiene, o el nivel ideal.

Hoy quiero invitar a los lectores y a los críticos de los medios a mirar la nueva corriente de pensamiento, que propone un receptor desde otra perspectiva, diferente a la que establecen las leyes que dan lugar a los juicios de valor.
Juzgar a los lectores, a los oyentes, o a los televidentes como seres pasivos y que “tragan entero” nos está diciendo que nuestra sociedad le tiene miedo a los receptores, al público.


El raciocinio que se suele seguir es muy sencillo: primero se define a los medios de comunicación como instrumentos dotados de un poder prácticamente mágico, del cual solamente podríamos escapar mediante la conciencia crítica. Esta, a su vez, sólo se adquiriría en un largo proceso de estudio y de maduración.


Para no ir más lejos, lo que se está diciendo en la crítica a los medios es que actualmente sólo un grupo de privilegiados pueden leer, ver y oír los medios de comunicación con tranquilidad. Los demás, la gran mayoría de la población sobre todo los niños y los pobres, serian víctimas de los medios, manipulados por estos. Poco a poco nos formamos una idea monstruosa de los medios, como aparatos que nos están dominando.


Quiero, para terminar mi comentario por ahora, decirles que la realidad nos señala un receptor que piensa y escoge, como autor indirecto, pero decisivo de las obras o programas. Usted es quien va señalando el tipo de personajes, de situaciones, de noticias, tratamiento de los dramas o de la información.

domingo, 4 de enero de 2009

EL SEPTIMO CONTINENTE

Por supuesto que no se trata de un nuevo descubrimiento de tierras o del hallazgo de aquella famosa Atlántida ilustrada en estas imágenes.

El séptimo continente es un término que se comenzó a usar desde 1997 para referirse a todo ese espacio telemático y cibernético, en torno al computador y la Internet. Ese es el nuevo continente, el cual es manejado por 12 maquinas de información o 12 servidores, que pertenecientes a Estados Unidos, uno Británico, otro Sueco y uno Japonés. Así mismo como cifra interesante se señala que a esa red mundial de información accede actualmente sólo el 10 por ciento de la población mundial, pero más de la mitad, aunque maneja su lenguaje y conoce de sus recursos técnicos, sin embargo no sabe sacarle provecho y se deja manipular por el medio.
Es el momento de recordar entonces que la globalización está presente claramente en Internet y que quienes no estemos preparados para sacarle buen provecho y buscar su aporte a la humanidad, fácilmente podemos caer en la pretendida dominación cultural impuesta por los servidores. No olvidemos que en el nuevo continente o el séptimo continente, tienen el poder pocos países que manejan un proyecto de hegemonía mundial.
No se trata de aislarnos del mundo y cerrar las fronteras a los avances tecnológicos sino más bien de no caer en las trampas de la globalización mal orientada a nivel de la economía y otros sectores, donde el poder sigue concentrado en pocas naciones.

Internet es una buena alternativa para alcanzar nuestro desarrollo y crecimiento pero no olvidemos lo que ocurre con los grandes medios masivos de comunicación: El flujo de información se sigue imponiendo en dirección norte-sur y olvidamos nuestras realidades.